- ¿Quieres acostarte conmigo? Pregunto la muchacha tendida
sobre la cama dándole la espalda.
- No. El se recostó a su lado envolviéndola con un brazo
mientras acariciaba sus exuberantes pechos sobre la ropa.
- Entonces deja de tocarme. Gruño ella apartando la gran
mano de él mientras se cubría con la manta.
El sonrió y acaricio los largos
cabellos azabaches de la muchacha, atrapo con dulzura su mentón y giro el
rostro de esta hacia él. – No quiero acostarme contigo, ni follarte, ni tener
sexo… tan solo quiero hacerte el amor. Dijo con una voz pausada y suave. –
Quiero hacerte el amor como nunca nadie te lo ha hecho, lenta y suavemente.
Ella aparto el rostro volviendo a su posición original, el
mientras tanto perdió su mano acariciando las finas curvas de ese cuerpo de
mujer que yacía a su lado.
– Para, no. Dijo ella revolviéndose sobre la cama.
De nuevo el tomo el mentón de ella. – Mírame a los ojos y
dime que no quieres que te haga el amor. Ambos se miraron, pero ella no acertó
a gesticular palabra, solo cuando perdió de vista los ojos de él fue capaz de
darle la negativa, pero él se había dado cuenta de ese mínimo instante en que
ella había desviado la mirada. – No me mientas pequeña. Deslizo suavemente la
mano por su vientre, medio forzándola a tumbarse boca arriba y a abrirse para él.
Por un rato ella se negó, quería y a la vez se impedía a
ella misma abrirse a él, poco a poco la mano de él bajaba lentamente, se coló
al fin entre sus bragas acariciando ese tesoro tan femenino. – Dímelo y juro
que no volveré a intentarlo. Pero ella ya era incapaz de negarse, había estado
con varios, incluso acababa de romper su compromiso y allí estaba él.
- ¿Baal, porque haces esto? Baal en realidad no era un
hombre, en realidad era un demonio, un príncipe entre demonios, poderoso, rico,
con grandes tierras y conquistas a su espalda, con cientos o miles de años quizás,
pero con un rostro joven, un cuerpo maduro, en su apariencia humana era un
hombre bello, esbelto, atractivo con una profunda mirada negra que por momentos
te devoraba. Ella nunca se había fijado en el, realmente lo había conocido
hacia cinco días cuando aún estaba prometida a otro demonio del que al final y
por Baal descubrió que no estaba enamorada. – Lo hago porque nunca has amado,
ni te han amado, te han usado y les has usado, no pretendo utilizarte para
nada, solo quiero que por una vez sientas lo que es que alguien te haga el amor
con cariño sin intención de obtener nada a cambio.
Era irrefrenable, ella rodeo el cuello son sus brazos y
ambos se fundieron en un largo beso, Baal la desnudo, lenta pero a la vez rápidamente,
se detuvo a acariciarla, a besarla, a halagarla, a deleitar sus oídos con
frases de amor y palabras bonitas. Por fin ella abrió sus piernas para él. Baal
se inclino sobre ella, acariciando sus caderas, mirándola fijamente, acercando
sus labios a los de ella para en ese momento penetrarla lentamente. Ella se estremeció,
y un suave gemido nació de su garganta, con lentos movimientos él comenzó a
hacerle el amor como había prometido, tomándose el tiempo que hiciera falta
para que ella lo sintiera todo, pero no su físico sino los sentimientos que el
depositaba en aquel acto.
Ella comenzó a gemir, a retorcerse de tanto placer, lo
acompañaba en los vaivenes, lo besaba apasionadamente y se aferraba con fuerza
al cabecero entre jadeos y gemidos, ella estaba sintiendo al fin la pasión y el
amor que él estaba regalándola, movimientos suaves, rápidos, duros, besos, mordiscos,
caricias. Ambos jadeaban en los labios del otro y ella muerta de placer deseaba
besarlo más y más, morder sus labios y gemir en su boca.
Finalmente el placer que recibió fue tan fuerte que su mente
se nublo haciéndola perder la razón, casi inconsciente gimió con más fuerza
antes de caer rendida llegando así al primer orgasmo, el también gimió pero
ahogando su gemido en un fiero mordisco en el cuello de la fémina.
Exhaustos, perlados de sudor, los dos cuerpos descansaron
satisfechos del acto de amor. - ¿Qué has sentido? Pregunto Baal abrazando a la
joven. – Pasión, fuerza, placer, pero sobre todo, mucha pasión. Susurro ella
antes de quedarse dormida.
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