sábado, 9 de agosto de 2014

El Demonio

- ¿Quieres acostarte conmigo? Pregunto la muchacha tendida sobre la cama dándole la espalda.
- No. El se recostó a su lado envolviéndola con un brazo mientras acariciaba sus exuberantes pechos sobre la ropa.
- Entonces deja de tocarme. Gruño ella apartando la gran mano de él mientras se cubría con la manta. 
El sonrió y acaricio los largos cabellos azabaches de la muchacha, atrapo con dulzura su mentón y giro el rostro de esta hacia él. – No quiero acostarme contigo, ni follarte, ni tener sexo… tan solo quiero hacerte el amor. Dijo con una voz pausada y suave. – Quiero hacerte el amor como nunca nadie te lo ha hecho, lenta y suavemente.
Ella aparto el rostro volviendo a su posición original, el mientras tanto perdió su mano acariciando las finas curvas de ese cuerpo de mujer que yacía a su lado. 
– Para, no. Dijo ella revolviéndose sobre la cama.
De nuevo el tomo el mentón de ella. – Mírame a los ojos y dime que no quieres que te haga el amor. Ambos se miraron, pero ella no acertó a gesticular palabra, solo cuando perdió de vista los ojos de él fue capaz de darle la negativa, pero él se había dado cuenta de ese mínimo instante en que ella había desviado la mirada. – No me mientas pequeña. Deslizo suavemente la mano por su vientre, medio forzándola a tumbarse boca arriba y a abrirse para él.

Por un rato ella se negó, quería y a la vez se impedía a ella misma abrirse a él, poco a poco la mano de él bajaba lentamente, se coló al fin entre sus bragas acariciando ese tesoro tan femenino. – Dímelo y juro que no volveré a intentarlo. Pero ella ya era incapaz de negarse, había estado con varios, incluso acababa de romper su compromiso y allí estaba él.

- ¿Baal, porque haces esto? Baal en realidad no era un hombre, en realidad era un demonio, un príncipe entre demonios, poderoso, rico, con grandes tierras y conquistas a su espalda, con cientos o miles de años quizás, pero con un rostro joven, un cuerpo maduro, en su apariencia humana era un hombre bello, esbelto, atractivo con una profunda mirada negra que por momentos te devoraba. Ella nunca se había fijado en el, realmente lo había conocido hacia cinco días cuando aún estaba prometida a otro demonio del que al final y por Baal descubrió que no estaba enamorada. – Lo hago porque nunca has amado, ni te han amado, te han usado y les has usado, no pretendo utilizarte para nada, solo quiero que por una vez sientas lo que es que alguien te haga el amor con cariño sin intención de obtener nada a cambio.

Era irrefrenable, ella rodeo el cuello son sus brazos y ambos se fundieron en un largo beso, Baal la desnudo, lenta pero a la vez rápidamente, se detuvo a acariciarla, a besarla, a halagarla, a deleitar sus oídos con frases de amor y palabras bonitas. Por fin ella abrió sus piernas para él. Baal se inclino sobre ella, acariciando sus caderas, mirándola fijamente, acercando sus labios a los de ella para en ese momento penetrarla lentamente. Ella se estremeció, y un suave gemido nació de su garganta, con lentos movimientos él comenzó a hacerle el amor como había prometido, tomándose el tiempo que hiciera falta para que ella lo sintiera todo, pero no su físico sino los sentimientos que el depositaba en aquel acto.

Ella comenzó a gemir, a retorcerse de tanto placer, lo acompañaba en los vaivenes, lo besaba apasionadamente y se aferraba con fuerza al cabecero entre jadeos y gemidos, ella estaba sintiendo al fin la pasión y el amor que él estaba regalándola, movimientos suaves, rápidos, duros, besos, mordiscos, caricias. Ambos jadeaban en los labios del otro y ella muerta de placer deseaba besarlo más y más, morder sus labios y gemir en su boca.
Finalmente el placer que recibió fue tan fuerte que su mente se nublo haciéndola perder la razón, casi inconsciente gimió con más fuerza antes de caer rendida llegando así al primer orgasmo, el también gimió pero ahogando su gemido en un fiero mordisco en el cuello de la fémina.

Exhaustos, perlados de sudor, los dos cuerpos descansaron satisfechos del acto de amor. - ¿Qué has sentido? Pregunto Baal abrazando a la joven. – Pasión, fuerza, placer, pero sobre todo, mucha pasión. Susurro ella antes de quedarse dormida.

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