lunes, 18 de mayo de 2015

El Director, Caliente madrugada.

Son las cinco de la mañana cuando suena el teléfono, mi mujer no ha venido esta noche a dormir, una urgencia del trabajo, para el caso no nos soportamos. Es Alfredo el profesor de historia, dice que anoche comió algo en mal estado y no puede ir a clase. Me toca sustituirle.

Miro los horarios, al menos voy a divertirme un rato, la clase de Laura tiene historia a mitad del día. Pero siguen siendo las cinco, demasiado pronto para levantarme, pero demasiado tarde para acostarme de nuevo. Echo un vistazo al correo electrónico, nada interesante, casi que mejor me voy. Camisa blanca, pantalones de pinza negros, mis mocasines marrones y la americana. El maletín de piel y el temario que Alfredo me ha enviado al correo, me llevare el portátil también, las llaves del coche y un paquete de tabaco.

Estoy desquiciado, tan solo son las seis, arranco el coche y me pongo a dar vueltas mientras me fumo un cigarro detrás de otro. Solo me despisto cuando llego al barrio de Laura. – ¡Joder! Siempre que tengo un día de mierda acabo en el mismo lugar. Aparco el coche, miro hacia arriba, fijo que aun está dormida. Abro el maletero y miro esa pequeña bolsa marrón, abro la cremallera. – Si, hoy va a ser un día bueno a pesar de empezar tan mal. En la bolsa llevo un vibrador que tiene un mando a distancia, pero solo voy a sacar el vibrador. No puedo evitarlo, a veces ser cruel con Laura me resulta incluso más excitante que follarmela. – Espero que no sepa lo que intento hacer. Me guardo el vibrador en el bolsillo y cierro el coche, me enciendo de nuevo un cigarrillo y me dirijo al portal.

– Esta gente es inconsciente. Digo mientras entro en el portal, la gente de este edificio siempre deja la puerta de la calle abierta, bueno a mi me viene bien, así Laura no podrá darme una negativa. Subo en el ascensor hasta el quinto piso y llamo al timbre de Laura, al rato ella abre la puerta. Esta encantadora, siempre duerme en bragas. – ¿Que tripa se te ha roto? Son las seis de la mañana. Gruñe frotándose los ojos mientras se abriga en su bata purpura. – Estas violable. Acierto a responder impactado por esa inocencia que desprende. – De hecho te voy a violar. La empujo contra la pared y mientras cierro la puerta de la casa con el pie me lanzo a su cuello. Lo muerdo y lamo, su piel es tan fina que da miedo herirla, abro su bata para acariciar su cuerpo bajo esa camiseta vieja que usa para dormir.

- ¿De verdad? Pregunta con la voz rasgada de dormida. – Y tanto que de verdad, desfilando a la cama. Digo atropellándola y desnudándola por el camino, primero la bata, después le doy la vuelta, la beso y de poco rasgo su camiseta, no puedo evitar lanzarme a uno de sus pechos y morderlo, son geniales, blandos, jugosos, deliciosos y sus pezones… lo retuerzo entre mis dedos ante un gruñido incomodo de Laura, bajo sus bragas de un tirón y la azoto con fuerza haciendo que proteste más aun, estamos ya en la puerta del dormitorio y solo me queda empujarla contra el colchón.
Me gruñe y se da la vuelta quedándose casi dormida en cuestión de segundos, lo suficiente para deshacerme de la ropa de trabajo. – No pienses que voy a dejar que te duermas. Le susurro al oído, agarro de sus tobillos y la dejo indefensa ante mí, dormida y boca arriba.
– Eres demasiado violable. Pero ella ya no me escucha, se ha quedado dormida del todo, abro sus piernas y me quedo mirando su coño como un imbécil, para ser francos nunca había tenido tanto tiempo para deleitarme con su cuerpo perfecto. Acaricio su vello púbico, es suave, corto, delicado. 

Ella sigue durmiendo separo los labios de su perfecto coño y sigo mirando anonadado esa cueva que tiene entre las piernas, me muerdo el labio esa cueva que taladro día si día no, es demasiado tentativa. Mi polla esta palpitando con solo pensarlo, ella es como un imán para mi, cada vez que la veo se me levanta y no sé cómo evitarlo. Me acerco a ella, esta tan dormida que hasta me da lástima lo que pretendo hacer con ella, pero me da igual, voy a follarmela y listo. Acerco mi polla a su entrada, levanto la mirada para verla dormida por última vez y embisto dentro de ella. Aulló de placer, es tan cálido su interior que casi siento que quiero correrme ya. 
Ella abre los ojos impresionada e inmediatamente me clava las uñas en la espalda obligándome a empujar mas contra su coño, estoy completamente dentro y ella acaba atrapándome con sus piernas, ni lo pienso dos veces y empiezo a entrar y salir de ella sin cuestionármelo, gime con dulzura, esta ronca, recién despierta pero su garganta no ha tenido tiempo de asimilarlo, cuelo mis manos bajo su precioso culo y elevo sus caderas para follarla más profundo, creo que le estoy haciendo daño, su cara me lo está mostrando pero esos gemidos me piden que continúe, la abrazo con fuerza la justa para saber que la estoy haciendo más daño del que puede aguantar pero no quiero dejar de penetrarla. Una pequeña lágrima se escapa de su ojo izquierdo. – Te dije que te iba a violar. Digo entre jadeos lamiendo esa perla salada en su mejilla y vuelvo a envestir contra su frágil cuerpo obligándola a aullar de dolor, hago presión en su espalda con mis brazos haciendo que nuestros cuerpos estén completamente unidos y acabo corriéndome satisfactoriamente dentro de ella, derrumbándome ante su pecho, ambos jadeamos exhaustos. – Ha sido espectacular ¿no? Me acuesto a su lado y sonrió mientras me enciendo el cigarro de después.

- ¿Por qué has venido tan temprano? Me pregunta con la voz dolorida mientras se hace un ovillo a mi lado. – Cierto. Respondo sacando el vibrador del bolsillo del pantalón y mostrándoselo. – Quiero que te pongas esto en las clases. Y sepa usted que si no lo lleva sabré que me ha desobedecido. Digo en un tono socarrón ante su mirada de extrañeza. – ¿Qué pasa, nunca usaste uno de estos? Ella niega, mi cara se vuelve un cuadro. – Sencillo, esto te lo metes ahí abajo y te lo dejas hasta que yo te lo diga. Así. La giro con brusquedad dejándola de nuevo boca arriba y me siento entre sus piernas abriendo y acariciando su húmedo coño introduciendo el pequeño vibrador dentro del mismo. – Y ya está. Sonrió satisfecho dando un pequeño azote en su coño. – Y no me repliques. Finalizo a sabiendas de que estaba a punto de darme una negativa, pero siempre me obedece, es dócil como ella sola.


Me visto mientras la observo caminar, se la ve molesta, esta chica a veces es demasiado tradicional, seguramente no haya usado un tampón en su vida, se nota en esos andares que tiene ahora mismo. Me despido de ella con un beso en la frente, una mirada cómplice y un pellizco en su trasero. – Nos vemos en la uni preciosa. Creo que la he dejado con un cabreo del quince pero era inevitable hacerlo.

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