Son las cinco de la mañana cuando suena el teléfono, mi
mujer no ha venido esta noche a dormir, una urgencia del trabajo, para el caso
no nos soportamos. Es Alfredo el profesor de historia, dice que anoche comió
algo en mal estado y no puede ir a clase. Me toca sustituirle.
Miro los horarios, al menos voy a divertirme un rato, la
clase de Laura tiene historia a mitad del día. Pero siguen siendo las cinco,
demasiado pronto para levantarme, pero demasiado tarde para acostarme de nuevo.
Echo un vistazo al correo electrónico, nada interesante, casi que mejor me voy.
Camisa blanca, pantalones de pinza negros, mis mocasines marrones y la
americana. El maletín de piel y el temario que Alfredo me ha enviado al correo,
me llevare el portátil también, las llaves del coche y un paquete de tabaco.
Estoy desquiciado, tan solo son las seis, arranco el coche y
me pongo a dar vueltas mientras me fumo un cigarro detrás de otro. Solo me
despisto cuando llego al barrio de Laura. – ¡Joder! Siempre que tengo un día de
mierda acabo en el mismo lugar. Aparco el coche, miro hacia arriba, fijo que
aun está dormida. Abro el maletero y miro esa pequeña bolsa marrón, abro la
cremallera. – Si, hoy va a ser un día bueno a pesar de empezar tan mal. En la
bolsa llevo un vibrador que tiene un mando a distancia, pero solo voy a sacar el
vibrador. No puedo evitarlo, a veces ser cruel con Laura me resulta incluso más
excitante que follarmela. – Espero que no sepa lo que intento hacer. Me guardo
el vibrador en el bolsillo y cierro el coche, me enciendo de nuevo un
cigarrillo y me dirijo al portal.
– Esta gente es inconsciente. Digo mientras
entro en el portal, la gente de este edificio siempre deja la puerta de la
calle abierta, bueno a mi me viene bien, así Laura no podrá darme una negativa.
Subo en el ascensor hasta el quinto piso y llamo al timbre de Laura, al rato
ella abre la puerta. Esta encantadora, siempre duerme en bragas. – ¿Que tripa
se te ha roto? Son las seis de la mañana. Gruñe frotándose los ojos mientras se
abriga en su bata purpura. – Estas violable. Acierto a responder impactado por
esa inocencia que desprende. – De hecho te voy a violar. La empujo contra la
pared y mientras cierro la puerta de la casa con el pie me lanzo a su cuello.
Lo muerdo y lamo, su piel es tan fina que da miedo herirla, abro su bata para
acariciar su cuerpo bajo esa camiseta vieja que usa para dormir.
- ¿De verdad? Pregunta con la voz rasgada de dormida. – Y tanto
que de verdad, desfilando a la cama. Digo atropellándola y desnudándola por el
camino, primero la bata, después le doy la vuelta, la beso y de poco rasgo su
camiseta, no puedo evitar lanzarme a uno de sus pechos y morderlo, son
geniales, blandos, jugosos, deliciosos y sus pezones… lo retuerzo entre mis
dedos ante un gruñido incomodo de Laura, bajo sus bragas de un tirón y la azoto
con fuerza haciendo que proteste más aun, estamos ya en la puerta del
dormitorio y solo me queda empujarla contra el colchón.
Me gruñe y se da la
vuelta quedándose casi dormida en cuestión de segundos, lo suficiente para
deshacerme de la ropa de trabajo. – No pienses que voy a dejar que te duermas.
Le susurro al oído, agarro de sus tobillos y la dejo indefensa ante mí, dormida
y boca arriba.
– Eres demasiado violable. Pero ella ya no me escucha, se ha
quedado dormida del todo, abro sus piernas y me quedo mirando su coño como un imbécil,
para ser francos nunca había tenido tanto tiempo para deleitarme con su cuerpo
perfecto. Acaricio su vello púbico, es suave, corto, delicado.
Ella sigue
durmiendo separo los labios de su perfecto coño y sigo mirando anonadado esa cueva
que tiene entre las piernas, me muerdo el labio esa cueva que taladro día si día
no, es demasiado tentativa. Mi polla esta palpitando con solo pensarlo, ella es
como un imán para mi, cada vez que la veo se me levanta y no sé cómo evitarlo.
Me acerco a ella, esta tan dormida que hasta me da lástima lo que pretendo
hacer con ella, pero me da igual, voy a follarmela y listo. Acerco mi polla a
su entrada, levanto la mirada para verla dormida por última vez y embisto
dentro de ella. Aulló de placer, es tan cálido su interior que casi siento que
quiero correrme ya.
Ella abre los ojos impresionada e inmediatamente me clava
las uñas en la espalda obligándome a empujar mas contra su coño, estoy
completamente dentro y ella acaba atrapándome con sus piernas, ni lo pienso dos
veces y empiezo a entrar y salir de ella sin cuestionármelo, gime con dulzura,
esta ronca, recién despierta pero su garganta no ha tenido tiempo de
asimilarlo, cuelo mis manos bajo su precioso culo y elevo sus caderas para
follarla más profundo, creo que le estoy haciendo daño, su cara me lo está
mostrando pero esos gemidos me piden que continúe, la abrazo con fuerza la
justa para saber que la estoy haciendo más daño del que puede aguantar pero no
quiero dejar de penetrarla. Una pequeña lágrima se escapa de su ojo izquierdo. –
Te dije que te iba a violar. Digo entre jadeos lamiendo esa perla salada en su
mejilla y vuelvo a envestir contra su frágil cuerpo obligándola a aullar de
dolor, hago presión en su espalda con mis brazos haciendo que nuestros cuerpos estén
completamente unidos y acabo corriéndome satisfactoriamente dentro de ella, derrumbándome
ante su pecho, ambos jadeamos exhaustos. – Ha sido espectacular ¿no? Me acuesto
a su lado y sonrió mientras me enciendo el cigarro de después.
- ¿Por qué has venido tan temprano? Me pregunta con la voz
dolorida mientras se hace un ovillo a mi lado. – Cierto. Respondo sacando el
vibrador del bolsillo del pantalón y mostrándoselo. – Quiero que te pongas esto
en las clases. Y sepa usted que si no lo lleva sabré que me ha desobedecido.
Digo en un tono socarrón ante su mirada de extrañeza. – ¿Qué pasa, nunca usaste
uno de estos? Ella niega, mi cara se vuelve un cuadro. – Sencillo, esto te lo
metes ahí abajo y te lo dejas hasta que yo te lo diga. Así. La giro con
brusquedad dejándola de nuevo boca arriba y me siento entre sus piernas
abriendo y acariciando su húmedo coño introduciendo el pequeño vibrador dentro
del mismo. – Y ya está. Sonrió satisfecho dando un pequeño azote en su coño. –
Y no me repliques. Finalizo a sabiendas de que estaba a punto de darme una
negativa, pero siempre me obedece, es dócil como ella sola.
Me visto mientras la observo caminar, se la ve molesta, esta
chica a veces es demasiado tradicional, seguramente no haya usado un tampón en
su vida, se nota en esos andares que tiene ahora mismo. Me despido de ella con
un beso en la frente, una mirada cómplice y un pellizco en su trasero. – Nos vemos
en la uni preciosa. Creo que la he dejado con un cabreo del quince pero era
inevitable hacerlo.
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