- Hay tardes en las que desearía que las
horas se acortase, así podría ponerme el pijama, cenar e inmediatamente meterme
entre las suaves sabanas de mi cómoda cama y dormir hasta que amaneciera. Pero
no, esta tarde se está tornando más que aburrida, la televisión apesta, se nota
que son fechas vacacionales y hasta en la televisión se lo toman a raja tabla.
La joven solía monologar sin cesar cuando
las tardes se hacían extensas, tirada en el sofá, con una pierna colgando por
el respaldo del mismo y un refresco apoyado en el suelo. Haciendo que ve una de
las mas pésimas películas de la historia, esas en las que una madre pierde a
una hija, y se echa la culpa porque ha sido una madre que nunca ha dejado a su
hija salir a correr con los amigos y... bueno todos saben a que típicas películas
me refiero, al final encuentran a la hija en cuestión en casa de un amigo que
tiene los pantalones bajados hasta los tobillos mientras que la dulce y
adorable hija se la está chupando como si no hubiera un mañana. Aunque obviamente
eso no lo dicen en la película pero todos sabemos que es la pura realidad.
Y es en esas tardes cuándo nuestra joven
protagonista, recuerda esa película de la que tanto le ha estado hablando su
compañera de mesa en el trabajo y además, se la ha grabado en un pendrive lista
para verla.
- Ya verás. Te vas a poner como una moto
cuando la veas. Le dijo la compañera en el trabajo. - El otro día cuando la vi
yo, bueno, para que te voy a engañar a los diez minutos de empezar ya tenía las
bragas en las rodillas. Y lo mejor es cuando llego mi novio a casa, apenas tenía
fuerza para decirle hola y cuando me vio, con la falda en las caderas y las
bragas en el suelo, bueno, aquello ya fue la nota final.
- Vale sí, no necesito que me cuentes otra
vez como tu novio no tardo ni diez segundos en bajarse los pantalones para metértela
tan al fondo que te corriste en el momento, me lo has contado ya diez veces. Respondió
ella no de tan buen humor como su amiga. - Además, yo no tengo novio, no tengo
la suerte de que alguien venga a empotrarme contra el sofá y a follarme
salvajemente.
Entonces es cuando siguiendo las
direcciones de la muy puta de tu compañera de trabajo decides enchufar el
pendrive a la televisión y ponerte a ver esa película que tan cachonda la pone,
aunque para que engañarnos ella siempre vive cachonda y de no ser porque tiene
novio, se follaria a media oficina sin pensarlo.
Y entonces la película comienza. - Joder,
esa película es la ostia. Pero si acaban de empezar y ella ya le está regalando
sus bragas. Y así es como el cuerpo de nuestra protagonista comienza a
calentarse, primero un rubor en las mejillas, ella siente como se enciende, su
cabeza comienza a bombear sangre a toda velocidad e inconscientemente, se
acomoda al borde del sofá con las piernas abiertas, casi derrama el refresco
pero consigue agarrarlo a tiempo, bebe un corto trago sin quitarle el ojo a la
pantalla, el vaso sobre la mesa.
Y la temperatura sigue elevándose, siente
que su estomago se retuerce, si, se está poniendo muy cachonda, las manos se le
han quedado heladas tras la impresión de esa escena tan subida de tono. No
puede soportar más tanta tensión y acaba colando una de sus manos heladas
directamente hacia su coño, que por el contrario esta cálido, casi ardiendo,
cuela un tímido y frio dedo entre los labios. - Oh dios santo. Ese frescor de
su dedo le provoca un escalofrió, cada vez le cuesta más aguantar, desea
empezar a masturbarse con su mano aun fría, la sensación en su coño es
demasiado placentera como para luchar y sus dedos se vuelven expertos
acariciando su clítoris, tan redondo, tan duro, se lo pellizca y entonces aprovecha
para meter la otra mano helada y posar tres dedos en la entrada. - Dios
bendito. Esa zorra tenía razón. Dice con la boca seca mientras que con ambas
manos se masturba con ritmos lentos y rápidos intercalados aunque poco a poco
sus manos van calentándose con el calor de su coño ella ya esta lo suficientemente
húmeda, casi ha olvidado la película que estaba viendo, da igual.
Se quita los pantalones y las bragas y
sube el volumen de la película, ahora en escena un hombre y una mujer están haciéndolo
bruscamente, y los gemidos de la mujer excitan a nuestra protagonista que se
pone de espaldas a la televisión sobre sus rodillas y con las piernas bien
abiertas, dos dedos de su mano izquierda están entrando dentro de ella. - Oh
si, mas dentro. Ordena a si misma empujando con su mano mas dentro provocando
un gemido. Apoya la frente en el respaldo del sofá, necesita las dos manos
libres para follarse a sí misma como no la han follado nunca, mientras los
dedos de su mano izquierda la follan salvajemente su mano derecha acaricia
suavemente su clítoris y los gemidos se prolongan como una agonía, le falta
aire para respirar, pero el orgasmo que le viene es demasiado fuerte y
placentero para pensar en el aire, embiste una vez más con su mano izquierda, y
grita de placer mientras que la derecha pellizca su clítoris y lo aprieta
contra la pelvis, comienza a correrse y su cuerpo se retuerce, muerde el respaldo
del sofá, sus manos actúan por su propia voluntad sin dejar de follarla. - Oh,
oh, no puedo más. Jadea exhausta ante dos embestidas más de su mano izquierda,
esta ya chorrea, esta empapada de su jugo. Saca la mano y la observa
satisfecha. - Nunca pensé que podrías ser así. Le dice como premio. Cae
rendida, casi dormida semi desnuda en el sofá sintiendo palpitaciones dentro de
su cuerpo. - Este ha sido sin duda el mejor polvo que me he echado a mí misma.
Soy la ostia.
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